Las Doce Tribus : Publicaciones : Buenas Nuevas de Gran Gozo : Buenas Nuevas
Buenas Nuevas de Gran Gozo
 
Una de las partes más curiosas en la historia del nacimiento del Mesías, es el momento en que un grupo de pastores humildes recibió la noticia del excepcional acontecimiento.

En la misma región había pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaños durante las vigilias de la noche.
Y un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor. Mas el ángel les dijo:
“No temáis, porque he aquí, os traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo; porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Mesías y Señor. Y esto os servirá de señal: hallaréis a un niño envuelto en pañales* y acostado en un pesebre.”
Y de repente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales alabando a Dios, y diciendo:
“Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.”
Y aconteció que cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos, pues, hasta Belén y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha dado a saber.”
Fueron a toda prisa, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
Y cuando lo vieron, dieron a saber lo que se les había dicho acerca de este niño.
Y todos los que lo oyeron se maravillaron de las cosas que les fueron dichas por los pastores... Y los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho.

(Del evangelio de Lucas, capítulo 2)

 Dada la magnitud del acontecimiento, las Buenas Nuevas, por las que se celebra la Navidad, fueron anunciadas originalmente a una audiencia muy reducida y en un lugar insólito. Un simple grupo de pastores en el monte, fueron testigos del regocijo de las huestes celestiales que se les mostraron anunciando que ¡había nacido el Salvador del mundo!

No se aparecieron al rey, ni lo proclamaron en medio del templo donde se reunían los más píos, sino que fueron los sencillos y humildes los que escucharon las buenas nuevas. Aquellos humildes pastores debieron ser los “hombres de buena voluntad” a los que se referían los ángeles, y seguro que la noticia les colmó de paz.

Si consideramos como se ha extendido la celebración de la Navidad, se puede suponer que en verdad debieron ser “buenas nuevas de gran gozo”, porqueaunque hayan pasado dos mil años, aquel nacimiento en Belén se sigue celebrando cada vez más en todo el mundo. La gente va de un lado para otro, los aparcamientos están abarrotados, las carreteras con atascos… y en medio de tal delirio, uno puede que se pregunte si realmente aquellas “alegres buenas nuevas” son la verdadera causa de tanta fanfarria. Si uno se propone buscar entre costosas decoraciones, brillantinas y destellos luminosos, ¿encontrará aquellas “buenas nuevas de gran gozo”?

En fin, ¡que los “hombres de buena voluntad”, dondequiera que estén, hallen la paz que les ha sido prometida!

Al cumplirse los ocho días, los padres del recién nacido le circuncidaron y le pusieron por nombre Yahshua, porque éste fue el nombre dado por el ángel incluso antes de que fuera concebido en el seno materno. (Yahshua es un nombre hebreo, que más tarde fue cambiado por Jesús, una derivación del griego).

Cuando se cumplieron los días de purificación, de acuerdo a la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo a su Dios. Tal como está escrito en la Ley, el primogénito de toda matriz entre los hijos de Israel, debía ser llamado santo o dedicado a Yahweh y los padres ofrecían en sacrificio de acuerdo a lo que dice la ley del Señor, un par de tórtolas.

El Salvador del mundo fue redimido con dos tórtolas, porque fue el primogénito de sus padres. La ley judía (Éxodo 13) requería la entrega del primogénito a Dios, fuese animal u hombre, pero con el sacrificio de un animal joven, la familia judía podía redimir a su primogénito. Si eran pobres y no podían sacrificar un cordero, y solo podían dar dos pájaros, entonces Dios aceptaba la ofrenda de dos tórtolas. Mucha gente no se da cuenta que esta familia judía formada por José (Yosef), María (Miriam) y su hijo tenía la obligación de guardar la ley. Yosef y Miriam hicieron el sacrificio requerido para redimir a su primogénito. Es un dato curioso que muchos desconocen.

Y había en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón; y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y por el Espíritu Santo se le había revelado que no vería la muerte sin antes ver al Cristo (Mesías) del Señor. Movido por el Espíritu fue al templo. Y cuando los padres del niño Jesús (Yahshua) le trajeron para cumplir por Él el rito de la ley, él tomó al niño en sus brazos, y bendijo a Dios, y dijo: “… han visto mis ojos tu salvación la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz de revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel.” Simeón los bendijo, y dijo a su madre María: “He aquí, este niño ha sido puesto para la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción… a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.”

¿Por qué dijo Simeón que el Mesías iba a ser la causa de la caída y el levantamiento de muchos en Israel? Y ¿por qué iba a ser “señal de contradicción”? Ese bebé que iba a ser el Salvador del mundo no iba a tener un camino fácil en la vida, porque muchos no iban a estar dispuestos a recibir su “salvación.”Cuando Simeón alzó al bebé, lo bendijo y profetizó que “los pensamientos de muchos corazones serían revelados” - por el modo en que responderían al que nació en el establo...


Home

Publicaciones

 Dónde estamos

email