Hay una famosa anécdota de la Primera Guerra Mundial. Desde la noche del 24 a la mañana del 26 de Diciembre de 1914, los soldados alemanes y británicos hicieron un alto al fuego. Los rivales salieron de sus trincheras y se tendieron las manos, felicitándose la Navidad, hablaron, se hicieron pequeños regalos.
Esto me hizo pensar en cómo más de una vez he percibido la navidad de esta misma manera: una breve tregua en medio de una guerra, “Jesús quiere que seamos buenos.”
Aunque aquella anécdota navideña se haya visto como un logro, un gesto de humanidad, de paz; la realidad es que el día 26, la matanza y el bombardeo continuaron. El balance final de cuatro años de guerra fue la muerte de ocho millones y medio de personas. Y lo más triste es que muchos de los que se mataron entre sí, creían en el mismo Salvador cuyo nacimiento habían celebrado aquella Navidad.
¿Es esto todo lo que logró el Hijo de Dios con su venida, poco más que una tregua de un día -- sea en el frente o en el seno de una familia?
“La paz os dejo, mi paz os doy, no os la doy como el mundo la da...”
Las páginas de la triste historia de la humanidad están llenas de odio, guerras e injusticia desde el principio, por eso tuvo que venir un Salvador: a salvarnos de la tara fatal del ser humano que no permite a las personas llevarse bien y estar en armonía. Eso fue lo que los ángeles celebraron regocijándose aquella noche de su nacimiento:
“¡Por fin viene alguien con el remedio para sanar al hombre de su condición débil y egoísta! ¡Aleluya!!!” (Lucas 2:8-14).
Ya habían sido testigos de muchas atrocidades durante los miles de años que precedieron al nacimiento del Mesías.
“Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de su gobierno y de la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino”… (Isaías 9:6-7, año 700 a.C.)
Entonces, ¿cuál es y dónde podemos hallar esa paz que Él prometió? ¿Por qué sigue todo igual después de 2000 años? ¿Será todo una gran mentira?
El vino a traer paz, y sólo aquellos que aceptaron sus condiciones de paz* han conocido la paz que Él vino a traer:
“Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común, vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos según la necesidad de cada uno… partiendo pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón.” (Hechos 2:44-46)
“La congregación de los que creyeron era de un corazón y alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común. No había pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido, y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad.” (Hechos 4:32, 34-35)
He ahí la respuesta, ésa es su paz, no como el mundo la da.
Los discípulos pudieron amar y vivir de esa manera porque habían recibido la cura para la tara fatal: El perdón. Es decir, la limpieza de todo lo que hemos hecho mal y nos ha ensuciado desde que nacimos. Cuando una persona es perdonada, recibe el poder de amar y dejar de ser esclavo de sí mismo. Por eso dice otro profeta:
…“y quitaré la iniquidad de esta tierra en un solo día. Aquel día, declara el Soberano- convidaréis cada uno a su prójimo bajo su parra y su higuera.” (Zacarías 3: 9-10)
Cuando la iniquidad no tiene poder sobre nosotros, podemos compartir y llevarnos bien con los demás.
*O ¿qué rey que sale a enfrentarse con otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío. (Lucas 14:31-33)
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