| A veces, entre amigos, hemos comentado que a muchos jóvenes, salvo excepciones, parece faltarles la ilusión y el idealismo que tuvieron los jóvenes de los años 60, 70 y 80. Había tal deseo, ilusión e incluso fe en que podía darse un cambio que nos empujó a tomar acción. Había que transformar algo en la estructura de esta sociedad, pero al ver que no íbamos a poder convertir al monstruo en un cordero, muchos nos fuimos al campo o al monte a vivir nuestras convicciones.
La música era parte fundamental de la subcultura que se formó durante esas décadas. Para muchos de nosotros, fue el vehículo que nos introdujo a toda una filosofía de vida que ha dejado su huella. La música nos daba un terreno común que pisar; poderosa para levantar el ánimo, agitar las emociones, llenar nuestro vacío o transportarnos a un estado donde la ilusión se hacía realidad por un instante; siempre fiel compañera e inspiradora de la vida con sus grandes mensajeros: Joan Baez, Dylan, Lennon, Marley… La música inglesa y americana ponían ritmo a nuevos estilos, a nuevas tendencias.... Las denuncias y reivindicaciones sociales de poetas españoles y de los cantautores hispanos, coincidían en buena parte con lo que sentíamos, anunciaban algo por lo que luchar; un sueño de hermandad y justicia en
el horizonte. Por toda la península se sentían los vientos de cambio. Algunos lanzaban mensajes más o menos politizados; la mayoría de la gente, sencillamente se solidarizaba por causa de la libertad de expresión y para protestar por la injusticia y la hipocresía en el mundo. La música nos conectaba: ¿Recuerdas l’estaca? Si jo l’estiro fort per aqui, i tu l’estires fort per alla, segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar!
Fueron décadas de una abundancia y riqueza musical que no se pueden resumir. Silvio Rodriguez, Pablo Milanés, Llach, Labordeta, Serrat, Aute, Victor Manuel y Anabelén, Lertxundi, Lole y Manuel, Triana, Rios, y tantos, tantos otros.
Pero ¿qué fue de todo aquello?, ¿qué fue de nosotros?, ¿qué fue de ti?...
Me acuerdo cuando me aterrorizaba el pensamiento de acabar un día “aburguesado”. ¿O acabaría como acabaron muchos grandes de la música, anulado hasta la muerte por las drogas o el alcohol? No sé cual de las dos posibilidades me aterrorizaba más. Poco a poco, con pelo largo o no tanto, rompiendo con la imagen convencional o sin esforzarse por ello, viajando, en el monte o en la ciudad nos fuimos dando cuenta que la injusticia y la corrupción no estaban sólo en el exterior - gobierno, empresarios, mercenarios, grandes camellos - sino, también en nuestro interior. Muchas veces nos encontrábamos divididos con nosotros mismos, y con el resto de la gente, haciendo lo que no queríamos, o no haciendo lo que queríamos. Siendo inconsecuentes con nuestros ideales y, peor aún, con nuestra conciencia. La situación llegó a ser insoportable para muchos de nosotros. Esta impotencia y contrariedad nos sumía a veces en la desesperación. ¿Qué hacer?, ¿a dónde ir?, ¿cómo salir de esta condición? Algunos intentaron echar mano de alguna fe o vía espiritual. La otra opción sería seguir la corriente, ignorando la conciencia y lo que dice el corazón… ¡y convertirme en un ser hipócrita y egoísta a lo sumo, cobarde y arrastrado! ¿Pero es eso todo lo que ofrece la vida? ¿Para eso nacimos y estamos en la tierra?
La fuerza con mayor poder para crear en todo el universo es el AMOR, y hay que estar muy mal para no buscar ya ni el amor. La triste experiencia es que aún teniendo los mismos ideales, fácilmente se puede colar la enemistad entre compañeros/as. Después del concierto, el festival, la reunión, el viaje… cada cual se volvía a su casa o a su soledad.
Faltaba un nexo más profundo; las necesidades y preocupaciones de la vida y las exigencias de un futuro siempre incierto nos llevaron a cada cual a separarnos y a “buscar cada cual su vida”. Ese es el sino de la mayoría. Te vas separando queriendo seguir tu propio camino, y al final lo que te espera es la muerte, la soledad más absoluta. El amor verdadero alimenta la fidelidad, verdadera amistad que pasa la prueba del tiempo y puede prevalecer sobre toda situación y circunstancia. ¿Dónde encontrarlo? ¿Quién lo da o lo enseña, o… será posible?
Afortunadamente, no éramos los únicos que deseábamos paz, justicia, libertad y armonía entre semejantes. Los que nos dirigimos a ti en este escrito, hemos conocido a alguien que desea todo eso aún más ardientemente que nosotros. Alguien que está lleno de visión y pasión por ello, ¡Visión y pasión que llevan a la acción!
Un día conocimos personas que vivían juntos en armonía y unidad. Lo llevan haciendo desde hace prácticamente 30 años. Personas que tienen paz con ellos mismos y unos con otros, gente que está construyendo una nueva sociedad, una nueva cultura que va a cumplir los ideales y anhelos de justicia entre los hombres. ¿Imposible? ¡No! ¿Es que sólo es posible el fracaso de todo lo bueno? La vida que viven no tiene nada raro. Nos llamó la atención, nos atrajo, y nunca más pudimos separarnos de ello, simplemente porque vimos personas de todas las edades y
provenientes de muy diferentes lugares; enamorados de la verdad y en unidad; no en “uniformidad”. Puede que te preguntes, ¿pero cual es la clave, el factor, la fuente de inspiración que les motiva? ¿Cómo lo consiguen? ¿Puedes imaginar un mundo dónde el dinero no es el dios que te concede placer y bienestar, ni el diablo que miente y llena de odio y amargura?
Hubo un hombre que agitó a su paso a toda la sociedad de su época. No tenía miedo de hablar la verdad y exponer todo el egoísmo y los falsos fundamentos que sostienen la vida de la gente. La razón por la que causó tanta agitación fue porque tenía credibilidad y por lo tanto, autoridad cuando hablaba. Esta credibilidad venía del amor que demostraba constantemente a su alrededor y donde quiera que iba. Su vida era consecuente con lo que proclamaban sus palabras. Si no fuera así, hubiera sido un charlatán más, otro hombre dividido incapaz de cumplir lo que dice. Este hombre es Yahshua, famoso en el mundo entero por los libros del Evangelio. En español Jesús. Pero el hombre del que hablamos, no tiene nada que ver con el sistema religioso y dividido que le predica como su “señor”, no está clavado en una cruz y no da falsas esperanzas a nadie. Yahshua, tiene el poder de liberarnos de l’estaca verdadera, que es la que llevamos dentro. Los que le siguen no tienen miedo de romper con esta vieja sociedad y todas sus ataduras, para formar otra fundada en ese mismo amor y verdad que Él trajo. Él es una roca donde acudir.
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