Las Doce Tribus : Publicaciones : Euforia: Euforia
Euforia
 
Algunas impresiones fuertes recibidas
en la infancia, nunca te abandonan...

Euforia: Sensación exteriorizada de optimismo y bienestar, producida a menudo por la administración de medicamentos o drogas, o por alguna satisfacción material o espiritual. Como fenómeno patológico, se observa en algunas intoxicaciones y enfermedades del sistema nervioso. Estado del ánimo y sentimiento fuerte de bienestar, entusiasmo, alborozo o júbilo. Estado de gozo intensamente placentero. Un sentimiento o actividad caracterizada por extrema intensidad. Ánimo elevado. La euforia es deseable como resultado natural de acontecimientos felices. Un grado excesivo de euforia, fuera de un comportamiento socialmente aceptable, es característico de un estado mental anormal. Puede asociarse con cambios de humor causados por experiencias intensas de carácter religioso, placer sexual, drogas, etc., de tal manera que el poder de las emociones puede hacer perder el dominio propio, e incluso la conciencia en algunos casos.

Nuestro vecino salió de su casa gritando histérico. Las impresiones que recibes cuando eres niño, nunca te abandonan. El hombre estaba desesperado. Había
encontrado a su hija de 18 años, muerta en el suelo de la sala. En la intensidad
emocional de la tragedia, yo solo escuchaba una y otra vez la palabra “sobredosis”. No había consuelo para aquel hombre.

Mi madre se fue corriendo a llamar por teléfono y al poco rato llegó la ambulancia. Yo estaba atento, sensible a cada imagen... Me sorprendió que se llevasen a mi vecino. Observando las reacciones de mi madre, le pregunté: “¿Qué es una sobredosis? ¿Y por qué se llevan al hombre en la ambulancia?” Me contestó que entrase en la casa con mi hermana mayor, que solo me mandaba callar, diciendo “No paras de preguntar...”.

Aquella noche salí de mi habitación para ir al servicio, cuando escuché la voz de mi padre abajo, en la cocina. Me quede a mitad de la escalera tratando de enterarme qué
decía. Estaba hablando con mi madre: “No es tan simple.Amaya no estaba enganchada a las drogas. Lo que engancha a la gente son los sentimientos de euforia que las drogas y el alcohol producen.”

Me fui rápido a la cama. Flashes de imágenes, emociones, voces, la sirena... y sobre todo aquellas palabras, se revolvían en aquella cabeza de nueve años. La hija del vecino era muy amable conmigo...¿Cómo la matarían sus sentimientos?, pensaba yo.

Mi hermana intentó explicarme el significado de sobredosis y euforia, pero creo que lo entendí años más tarde.

Las emociones son poderosas. Nadie creería que lo que te hace“sentirte bien” pueda
llegar a convertirse en una pesadilla; pero dio pesadillas y sigue dándolas. Para mi vecina, las emociones jugaron el papel de guía a la adicción, luego a la sobredosis y finalmente a la muerte.

Ciertos sentimientos fuertes de euforia pueden influenciar experiencias muy positivos, pero más frecuentemente de lo que se espera, las consecuencias son muy dañinas, inmorales y en numerosos casos, mortales. Dependiendo del estímulo,
una vez que se inducen las emociones, la personalidad y el carácter de una persona pueden cambiar radicalmente para el resto de su vida, especialmente si se ha entregado a una aberración o perversión. Muchos jóvenes se ven atraídos o envueltos en experiencias, cuyos efectos tomarían toda la vida para aliviarse o sanarse.

Euforia es una sensación sobrecogedora, de profundo e intenso placer o bienestar. Un café o un vino son suficientes para estimular a alguna gente. La cafeína o el
alcohol en la sangre actúan sobre el sistema nervioso, provocando la segregación de hormonas y sustancias químicas que producen esa sensación de euforia. La verdadera magia tras la reacción química que sucede en el cerebro, es la sobre-estimulación a las
respuestas emocionales. Es decir crea deseos y emociones que llevan a las personas más allá de sus respuestas naturales.

Pensamientos y experiencias, una asociación o relación con alguien o algo, pueden generar esos sentimientos intensos de placer y euforia. El gusto, la excitación también se pueden estimular con ropas, abundancia de posesiones, comida, dinero, deportes, drogas, chocolate, antigüedades, un sentimiento de seguridad, coches caros, impulsos sexuales y comodidades de todo tipo. Cuando se induce una aberración [1] se
provocan deseos malos y perversiones que generan una anormalidad sexual o
desorden emocional. Por eso se cambian los patrones de comportamiento normales
por otros anormales. Una aberración se ha formado en la mente, y una vez introducida, es muy difícil reorientar a la persona. La tendencia será recurrir al comportamiento o excitación anormales, pues la orientación normal se ha reemplazado por una aberración. Desde ese punto en adelante nada más parecerá satisfacer al individuo.

Si un esposo o esposa, por ejemplo, emocionalmente se cansan uno del otro (debido a la falta de respuesta – de uno o ambos – ante las necesidades que pueda tener el otro), la relación terminará en divorcio o adulterio. El divorcio vino por desconsiderar la conciencia – por fallar en amar el hombre a su mujer o la mujer al hombre. El egoísmo prevalece y la relación empieza a deteriorarse. Cuando alcanza el nivel en que ya no hay una voluntad para sacrificarse uno por el otro, el fundamento de cualquier relación verdadera se desmoronan. Si uno no está dispuesto a aceptar el coste del amor, el esposo o la esposa pueden quedar expuestos y vulnerables a influencias corruptas que llevan a la inmoralidad, los celos, la fornicación y el adulterio. Este tipo de elecciones se toman cuando las emociones gobiernan y el individuo desprecia su conciencia. Aparece aquí el principio fundamental que revela que la idolatría está en acción. [2]

Cualquier cosa que se busca porque levanta las emociones, se convierte en objeto de adoración. Los padres suelen ser los que pasan una variedad de tendencias familiares o deseos en gusto, comportamiento, atracción, etc., que a menudo marcan un rumbo
para las vidas de sus hijos. El ADN también tiene una parte significativa en las tendencias que se heredan y se establecen como patrones de comportamiento. Cuando una sensación falsa de prestigio, o status entra en juego, uno cree que tiene
una apariencia importante. El sentimiento se apodera de la persona, dominándola y haciéndola prisionera. Hay muchos caminos de entrada que desde nuestra infancia
han quedado sin tratar adecuadamente, y lo que recibimos ha formado las características distintivas y los rasgos de nuestra personalidad adulta.

En el ámbito espiritual, hay todo tipo de espíritus que se apegan a cosas, y las
asociaciones que hacemos y nuestra respuesta a estas cosas, estimulan nuestra mente y emociones. El encontrarnos obsesionados emocionalmente, o mentalmente preocupados por lo que sea, revela la esencia de la idolatría.

Normalmente hay un deseo humano, innato, en cada persona, a la necesidad de dedicación o devoción. Muchas personas sufren por falta de propósito, de hacer algo significativo, algo de auténtico valor, que bien podría ser ganarse el pan con el sudor de la frente, luchar por la vida y por mantener la familia, ayudar a los necesitados,
o ser padres dedicados a su familia por encima del dinero, la posición o sus
propios entretenimientos...

En una sociedad más y más materialista se promociona una imagen de persona triunfadora e independiente, de veinte añera, afortunada, con aspecto artificial y
tierno, pero abierta y ordinariamente apelando al deseo sexual. Esta fantasía frustra a mucha gente que de otra forma esperarían algo más de la vida. Es un tipo de satisfacción que dura poco y termina por deprimir a muchos y por mucho tiempo. Deja a las personas literalmente “en el barro”.

No es la fama barata, ni la maldad, ni el egoísmo descarado lo que da gloria a una persona, sino lo que hace de bien a los demás. Lo que hace a una persona valiosa y honorable es su voluntad para amar y guardar su palabra, su espíritu de sacrificio, su
diligencia. Esos son los que experimentan la mayor satisfacción en el alma, porque aunque les cueste, valoran la voz de su conciencia. Su recompensa vendrá ahora o más tarde. Saben que habrá un juicio. Pero el necio se burla, y se dice rebelde en su corazón:“No hay Dios. Vive a tope para ti mismo y gratifica ahora todos tus deseos
que esta vida es lo único que tienes”. Y en verdad el placer que experimente en sus pocos días sobre el planeta, será todo el placer que habrá tenido para toda la eternidad. Luego vendrá su tiempo de pagar por el mal que ha hecho, a otros y a sí mismo.

El deseo y la devoción del alma humana deberían ser: agradar a Dios. Los seres humanos sienten el vacío, la necesidad de dedicación a la Fuente verdadera – su Creador– que básicamente lo que espera de los hombres es que amen a su prójimo
como a si mismos, que sean sinceros, trabajadores, hospitalarios y amigos leales.
Muchas voces intentan inculcar en las nuevas generaciones que esas virtudes son despreciables. En su lugar enseñan valores que no valen nada, pues esencialmente
se está llamando al mal, bien y a lo bueno, malo. En esta confusión, las personas salen perdiendo más que nunca. ¿Se está formando una sociedad de personas solas, desamadas y desamoradas, de las que poco se puede esperar?

Cuando los tres aspectos de nuestra alma (intelecto, emociones y voluntad) no están bajo la autoridad de la conciencia y siendo dirigidos por un consejo sabio y un buen
juicio, nos convertimos en presa fácil de muchas cosas que tienen el potencial de
destruirnos.

Como seres humanos, somos portadores de la imagen del Dios verdadero, eso no
tiene que ver con las creencias religiosas. Esa imagen puede distorsionarse, desfigurarse, deformarse, retorcerse y dejar de ser lo que era. Si fallamos en representar o reflejar la imagen de quien nos creó, el mal nos puede trastornar, y terminaremos siendo portadores de una imagen inferior a la de un ser humano verdadero. En ese estado, las emociones son muy sensibles y son frecuentemente las
primeras en sentir las influencias espirituales. El alma del hombre necesita someterse a la autoridad suprema del Creador. De otra manera, la idolatría es inevitable. Y no
estamos hablando de obvios rituales de adoración a estatuas u otras cosas oscuras... Es una realidad más sutil. La idolatría es una entrega o sumisión a espíritus que mueven a las personas en muchísimas direcciones... lo reconozcan o no.

“No tendrás otros dioses delante de mí.
No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
No los adorarás ni los servirás; porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” “ Ex 20:3-6

"El de manos limpias y corazón puro; el que no ha alzado su alma a la falsedad, ni jurado con engaño."
Salmos 24:4


[1] Aberración – Abandono de lo normal y deseable. Desviación de la verdad, o rectitud moral, o del estado natural. Acción, comportamiento o producto que se aparta claramente de lo que se considera normal, natural, correcto o lícito.
[2] Mateo 5:27-28


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