Las Doce Tribus : Publicaciones : La Hormiga Alienígena : Las Doce Tribus -
Una Vida Tribal
Las Doce Tribus - Una Vida Tribal
 

Somos un pueblo formado por doce tribus. La gente que te encontrarás en nuestra comunidad es parte de un pueblo tribal. Nuestra vida se expresa en la vida comunitaria. Nos gusta trabajar juntos en tareas agrícolas, o en pequeñas industrias caseras, danzamos juntos y tocamos música, construimos, educamos a nuestros hijos en casa y cuidamos unos de otros. Nuestro deseo es vivir de una manera lo más natural posible, amando la naturaleza, y sobre todo, a las personas. Nuestra visión de futuro no es crear sólo un estilo de vida, sino llegar a ser una nación ~ Israel, una nación formada por doce tribus. Queremos ser parte de la restauración de todas las cosas, de la que Dios habló a través de sus profetas.

Somos un pueblo formado por doce tribus. La gente que te encontrarás en nuestra comunidad es parte de un pueblo tribal. Nuestra vida se expresa en la vida comunitaria. Nos gusta trabajar juntos en tareas agrícolas, o en pequeñas industrias caseras, danzamos juntos y tocamos música, construimos, educamos a nuestros hijos en casa y cuidamos unos de otros. Nuestro deseo es vivir de una manera lo más natural posible, amando la naturaleza, y sobre todo, a las personas. Nuestra visión de futuro no es crear sólo un estilo de vida, sino llegar a ser una nación ~ Israel, una nación formada por doce tribus. Queremos ser parte de la restauración de todas las cosas, de la que Dios habló a través de sus profetas.

Una TRIBU está compuesta por grupos de familias que viven juntas en clanes, unidos con un ancestro común. Creemos en el Dios de Israel y seguimos los pasos de un hombre que tuvo fe, y cuyo corazón ardía con pasión por algo más que lo que veía a su alrededor. Dejó atrás la mentalidad confinada y alienada de la sociedad en que vivía, con la esperanza de encontrar un nuevo comienzo. Tenía esperanza de empezar un nuevo pueblo, donde las personas estuviesen reconectadas a su Creador y entre sí. Su nombre era Abraham. La mayoría de la gente le conoce como el padre de la nación de Israel.

Si leyeses la Biblia, descubrirías que el libro entero habla de tribus. El Dios de Abraham siempre deseó estar bien representado por medio de un pueblo tribal, unido, que exprese Su carácter y Su naturaleza al mundo. Unidos en un corazón y un propósito, esta nación de tribus probará la existencia de Dios, manifestando el amor y la unidad de un pueblo conectado a Él.

Como las estrellas del cielo, y como la arena del mar, Dios prometió multiplicar la descendencia de Abraham, y hacer una gran nación de Él. (Génesis 22:16-18). Nuestro Creador fue fiel. Abraham fue padre de Isaac, de Isaac nació Jacob (a quién Dios llamó más tarde Israel), de Israel salieron doce hijos que llegaron a ser las doce tribus de los descendientes de Abraham. De esta manera, Abraham encontró el nuevo comienzo que había deseado tanto: Israel, la nación de doce tribus.

Cada tribu estaba compuesta de clanes, cada clan de familias, y las familias, por esposos y esposas que deseaban gobernar sus familias, y criar a sus hijos en el camino de su Dios. La vida tribal que se desarrolló era la vida corporativa que nuestro Creador deseó para los hombres desde el principio. Él siempre quiso tener un pueblo voluntario, con un propósito común, viviendo en paz unos con otros, y en total unidad Pero la unidad y la paz duraron poco. Como cualquier otra nación que haya existido en el planeta, terminaron divididos y desperdigados.

Miles de años después de que Dios hubiese hablado con Abraham, otro hombre vivió en la tierra con el mismo corazón y deseo que Abraham. Él también deseaba que la nación de doce tribus que tenía que ser Israel, cumpliese todo lo que tenía que cumplir. Su nombre era Yahshua,* el Mesías. Puede que hayas oído hablar de Jesús, pero nosotros le llamamos por su nombre hebreo. Su nombre significa “Salvación de Yahweh”. Él tenía poder para salvar a los hombres de sus pecados y para poner remedio a las cosas que les dividían unos de otros. Su mensaje fue claro. Llamaba a hombres y mujeres, a salir de la sociedad malvada de la que formaban parte; diciéndoles que tenían que dejar atrás sus viejas vidas y sus pecados, para ser parte de un nuevo orden social donde vivían en comunidad. Yahshua* vio que los descendientes naturales de Abraham, aquel pueblo de Israel, no representaba a Dios al resto del mundo, ni podían mantenerse en unidad. Reconoció la necesidad de que emergiese un Israel de doce tribus espiritual.

Su mensaje era igual para todo el mundo, porque sabía que en el corazón de cada ser humano hay una tierra común. No se trata de la religión que profesas, ni de la nacionalidad, clase social o periodo histórico en que uno vive.

No importa si eres hombre, mujer o niño, todo tenemos una “tierra común” en el corazón, y eso que tenemos en común es la conciencia.

El Creador dio a todo el mundo una conciencia, el conocimiento instintivo del bien y el mal. Con ese conocimiento, sabemos que existe un Creador amoroso y que le debemos nuestras vidas. Entendemos que hay una ley interna que gobierna nuestro comportamiento. Esa ley con la que hemos nacido, es expresión de todo lo que es bueno.

No se puede cambiar, es como las estrellas del cielo, está ahí para mantenernos en curso. Cuanto más se esfuerce uno por silenciar esa voz interior, peor se vuelve y más culpa acumula. No importa lo mucho que hagas por encubrirlo, terapias, cursillos, filosofías o pensamientos positivos ~ nada borra la culpa. Quizá termines engañándote, creyendo que eres una buena persona, sobre todo al comparar tu vida con la de otros que te parecen bastante peores que tú. Sin embargo, en lo más hondo de tu ser, tu conciencia sabe todo lo que has hecho, a pesar de todo lo que hayas hecho para esconderlo. La religión y la filosofía pueden enmascarar o darle una capa de barniz, pero la realidad es que la culpa permanece en ti.

La fe por la que vivimos, hizo que dejásemos todo atrás ~ nuestras posesiones, nuestras ambiciones, nuestras relaciones…, sí, y hasta nuestras propias vidas; para seguir a Yahshua* y participar en la formación de esta nueva nación. Los que formamos esta nueva sociedad hemos abandonado las búsquedas, aspiraciones y ocupaciones que en cierta manera nos satisfacían, y hemos entrado en una vida tribal de cuidado mutuo, compartiendo todo lo que tenemos y amándonos unos a otros más que a uno mismo.

¡Ahh… libertad verdadera!

¿Imaginas que tipo de vida disfrutaríamos si todos tuviésemos ese tipo de amor? Nos cuidaríamos unos de otros, y nos apreciaríamos profundamente unos a otros. Nunca más habría guerras, ni violencia que plagasen a la humanidad. Todos viviríamos en paz y armonía, y eso sólo para empezar. ¿Puedes imaginar todas las consecuencias que tendría...? Los que ya nos hemos reunido, ya no tenemos que imaginarnos nada.

Vimos la condición de nuestra conciencia, sucia y en necesidad de perdón. Escuchamos la voz que nos comunicó esperanza, y ahora estamos en pie, junto con otros que ven la misma necesidad, y como pueblo, estamos experimentando la realidad de lo que una vez eran sólo sueños. Es la nueva tierra, donde gente de todas las naciones ~ pobres y ricos, hombres y mujeres ~ pueden vivir juntos, en completa paz y confiando unos en otros. Yahshua llamó a esta vida que llevamos en común: “la luz del mundo”. Es el testimonio de Su Reino, y se presenta en extremo contraste con la oscuridad de las demás sociedades del mundo.

Estamos muy agradecidos de poder compartir contigo el anhelo del corazón de nuestro Creador: una nación de doce tribus que viven en unidad. Él es el Creador del universo, el mismo que creó el sol radiante y el ala de una mariposa, quien pintó el cielo azul y puso música en el corazón de los pájaros; el que nos dio libertad para enamorarnos y vivir en unidad… ¿Quién hubiera pensado que éste es el Dios de las tribus?

*Ver artículo sobre Yahshua para conocer más acerca de su nombre.


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