| En lo más profundo de mi corazón se alzaba un clamor pidiendo ayuda. Después de treinta y cinco años de vida éste era el lugar en el que me encontraba: un gran vacío a mi alrededor, una profunda soledad y una vida sin sentido.
En mis años de juventud desgasté mis fuerzas levantando una vida alternativa en plena naturaleza salpicada con cursillos de crecimiento personal, renacimiento, técnicas de respiración, meditación, curso de milagros, terapias… Lo último fueron las ceremonias de la tradición de los indios de Norteamérica: plumas, peyote, ayahuasca…En todo ese tiempo lo que quedaba claro es que las personas no éramos capaces de convivir en paz. En este lugar de la montaña donde vivía, hacíamos pequeños encuentros por un corto espacio de tiempo. Mucha gente pasaba, pero era un hola, y luego un adiós. Con los vecinos intentábamos hacer cosas juntos, pero nunca funcionaba. Finalmente cada uno reinaba en su propio reino y eso era lo único posible…mientras pudieras.
Pero había algo profundo en mi corazón que deseaba una vida conectada con la naturaleza y poder compartir con los demás, trabajar juntos, tener alegrías, construir algo nuevo. Incluso lo intentamos con algunos amigos, pero duró poco. No, no es posible, el egoísmo, el orgullo, la vanagloria…La naturaleza es hermosa, pero no es suficiente vivir rodeados de ella.
En ese tiempo, sucedió algo que dio un giro a mi vida. Habíamos tenido un niño. Mi mujer daba de mamar y pensábamos que tenía una mastitis. El tiempo pasó, pero no mejoraba. Finalmente vino el diagnóstico: cáncer; es una palabra que suena a muerte. De la vida en la montaña pasamos a la vida de médicos y hospitales. Quimioterapia, operaciones, sanadores, médicos, videntes…total, para nada. El cáncer se extendió y acabó con su vida.
Si ya era algo consciente del egoísmo que hay en el ser humano, durante el tiempo de la enfermedad pude experimentarlo profundamente en mí mismo, viendo cuán difícil era aceptar la situación y entregarme a ser una “ayuda”.
“Ayuda” ¿donde está? Algunos quieren, pero ¿Cómo? ¿Un cheque? ¿Un poco de tiempo? ¿Dónde está la ayuda?
La muerte, ya no respira. Algunos dicen “La muerte es un amanecer” Por decir, todo vale. La muerte, el hecho de morir, puede que parezca una liberación cuando el dolor y el sufrimiento han invadido todo tu cuerpo, pero ciertamente, no es un amanecer, sino un anochecer. Un descenso a la oscuridad donde un mayor tormento espera al espíritu y el alma.
Pasó el tiempo y de nuevo tuve una mujer a mi lado con quien compartir mi vida, y tuvimos una hija, además del hijo que ya tenía. Pero como es tan normal hoy en día, nuestras diferencias y el desorden en que vivíamos hacían la convivencia prácticamente imposible. Vivíamos juntos pero separados. ¡Qué miseria! ¿Es esto la vida? ¿Dónde está la paz y la armonía?
Dentro de mí se levantaba una voz y clamaba de rodillas, con los ojos llenos de lágrimas, destrozado, sin fuerzas…cuando estaba sólo, claro. Delante de los demás, tenía un comportamiento aceptable y bien aparente.
Una mañana, sonó el teléfono, y despertó una esperanza: “He encontrado donde está la verdad, algo auténtico ¿te acuerdas? Son los de la comunidad de Sus, voy a verles, ¿Por qué no vienes tú también?”
Bueno, ya será menos, pensaba yo. Cada uno tiene que hacer su parte en este mundo. Hay muchos caminos…Sí, aparecían multitud de pensamientos, pero en mi corazón algo me confirmaba que allí estaba la ayuda y que era un viaje sin retorno.
Mi vida no funcionaba, y con lo último que tenía, emprendí el viaje con mi hijo; mi compañera y mi hija quedaban atrás. Así que llegué al destino. Me habían preparado un recibimiento con un cartel, donde se me veía dentro de un hoyo y una mano ayudándome a salir. En Irún, sin ir más lejos, estaba la salvación del mismísimo Dios, Yahshua, es la perla de gran valor, Él es la ayuda. Él ha preparado un lugar para los cansados, para los que desean conocerle y vivir de acuerdo a Su voluntad.
Medio año más tarde mi compañera y mi hija vinieron también. Ambos hemos sido perdonados y hemos podido comenzar una nueva vida que alcanza lo másprofundo del ser.
Te invitamos a conocerla.
Lorenzo
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