| Al llegar a la fiesta, alguien le puso una máscara en la mano y él educadamente rehusó ponérsela. Pero otra persona que llevaba una máscara con una sonrisa enorme dijo que si no se la ponía, la gente iba a pensar que no estaba disfrutando y si se daban cuenta que no se divertía en la fiesta, le podrían pedir que se marchase.
Al principio la máscara parecía tolerable. Se sentía bien con ella y parecía tan real... le hacía sentirse integrado. Una vez tras ella no importaba si le gustaba la fiesta o si la gente a su alrededor disfrutaba. Nadie sabía nada.
Según progresaba la fiesta, se dio cuenta que todas las máscaras empezaban a parecerse más y más: felices, sonrientes, satisfechas. Echó una mirada al espejo... la suya también.
De repente sintió miedo. ¿Y si se le cayese la careta en un despiste?, ¿y si se diesen cuenta de que tras la máscara él no se lo estaba pasando nada bien?
Se quedó atónito, absorbido por la expresión pacífica de su sonrisa. Aquella mueca le daba náuseas. A su espalda algunas máscaras andaban susurrando. Un enmascarado insistía que tenían que esforzarse por repartir más máscaras.Pero algo no le gustaba...
Quizás no le despedirían. A lo mejor, si se la quitaba, podría romper con la corriente falsa y superficial que predominaba. Quizás otros le seguirían y todos volverían a ser ellos mismos.
Había llevado la máscara demasiado tiempo y estaba volviéndose vieja. El interior seco y encogido le rozaba y pellizcaba la cara. Seguir con ella puesta carecía de sentido. No había cambiado su verdadera persona en absoluto. Era una farsa, una fachada, una burla. Se la arrancaría y la haría pedazos...
Se echó mano. Ya no le importaba lo que la gente pensase, dijese o hiciese... Estaba harto. Quería tener su propia cara y no una máscara sonriente. Buscaba con los dedos el cordón, el borde - pero el cordón no estaba y ya no podía distinguir dónde acababa la máscara y dónde empezaba su cara.
Mirándose al espejo, agarró frenéticamente la arrugada careta y tiró y tiró hasta que la cara le escocía y ardía de dolor... Un agudo grito salió entre los labios burlones... La máscara se había adherido a su carne. Se había hecho una con su piel..
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