La pregunta se cierne sobre la mente de muchos cristianos. Por increíble que parezca, la doctrina cristiana, tanto de protestantes como de católicos, presenta a Dios como un monstruo vengativo: Los hombres nacen totalmente depravados, merecedores de condenación eterna, independientemente de cómo vivan sus vidas, o de si han oído hablar de Jesucristo.
Esta representación de la justicia de Dios es mala y falsa. Aunque es cierto que nadie puede librarse de la muerte por si mismo; queremos aclarar, que no es verdad que un hombre esté condenado a la muerte eterna, sin importar cómo haya vivido su vida, y sólo porque nunca le bautizaron.
¿Cuál es la verdad acerca del destino eterno del hombre?
Después de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, Adán tuvo que vivir de acuerdo a ese conocimiento; teniendo que escoger hacer lo bueno y no lo malo. Aunque el hombre, en su condición caída, no pueda hacerlo perfectamente, Dios nos considera responsables de ejercitar la voluntad para vencer la tentación de hacer el mal
Muchos se esfuerzan por hacer lo que su conciencia les dice que está bien, se afligen cuando fallan, y hacen todo lo posible para compensar el mal que han hecho. Las personas que actúan de esa manera, poseen una justicia natural. Están persuadidos, es decir, creen que Dios es bueno y que juzgará a los hombres con justicia.
Valoran la dignidad de la vida, reconocen la imagen del Creador en la naturaleza y su prójimo. Trabajan duro y son fieles en sus matrimonios. Se esfuerzan por inculcar sus valores morales en sus hijos y aceptan el sufrimiento sin llegar a amargarse. Tratan de mantenerse con buena conciencia, y Dios no desprecia su esfuerzo.
Es cierto que todos los seres humanos pecan y que se quedan cortos de la gloria de Dios; pero no todos la pierden por completo. Gloria significa peso, o valor. Antes de la caída, Adán tenía un gran valor, estaba hecho a la imagen de Dios; cuando cayó, la imagen de Dios en él quedó desfigurada, pero no la perdió por completo.
A los ojos de Dios, el hombre es aún portador de Su imagen y toda persona tiene mucho valor para Él. Los que no respetan la imagen de Dios en su prójimo, se acarrean graves consecuencias.
El hombre aún nace a semejanza de su Creador y retiene su valor intrínseco en el grado en que viva por el conocimiento del bien y del mal inherente a su conciencia. Aunque nacemos con tendencia a pecar, podemos hacer el bien que nuestra conciencia nos dicta, y somos responsables por ello, y también de apartarnos del tipo de pecados que nos harían merecer una muerte eterna
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