| Me acuerdo de ese día que nos tomamos unos hongos.
Estábamos todos, todos los más allegados a mi corazón, y yo estaba feliz. En el campamento, bajo los árboles, a orillas del río se veían los cerros y el fuego que nos alumbraba. Me sentía como a bordo de un barco. Me acercaba a todos y los veía maravillosos, podía fluir con cada uno y ver cuán diferentes eran pero qué preciosos, y quería que eso fuera para siempre.
Podíamos dialogar de corazón a corazón, mirarnos a los ojos, no había nada que nos separara. Surgían deseos muy hermosos de amar y vivir para siempre con cada uno, compartir la vida, trabajar juntos, tenernos unos a otros, ayudarnos, ser amigos de verdad. Sin luchas, envidias ni críticas. Sentía que podía respirar al unísono con todo, con el fuego, el río, la montaña y mis amigos...Tenía otros ojos.
Empezaba a amanecer y las sensaciones se escapaban con la luz del sol, todo volvía a ser lo de siempre y los que estaban conmigo ya no eran tan maravillosos, pero en mí había cambiado algo. Unirnos todos y construir un lugar. Nos mirábamos, diciendo, “Sí, pero ¿Cómo lo hacemos?”
Con el tiempo cada uno se fue por su lado, las buenas emociones habían pasado. Quedé sola mirando el río revuelto y veía mi condición. Ya nada brillaba, mi alma sufría. Veía mi incapacidad para amar, para dar, estaba seca. No había verdadera alegría ni agradecimiento.
Las luchas volvieron, las envidias, las críticas. Sufría porque en mi corazón sabía que no quería ser así. ¿Cómo era posible que tenía que tomarme un hongo o una pastilla para sentirme unida a los demás, para ser amiga, para tener alegría...?
Buscaba algo más, conectarme a algo o alguien que me diera verdadera vida. Sé que en mi había un clamor. No había verdad, sólo buenos sucedáneos, nubes pasajeras. Vientos que me llevaban de una situación a otra. Sé que tú tampoco podías aceptar esta sociedad que nada se pregunta, ni tampoco ofrece respuesta. Sé que veías la basura materialista que ofrece y por eso huíamos a las montañas, así nos sentíamos aparte, fuera de lo que es el sistema.
Pero, ¿sabes? Con el tiempo me di cuenta que hacía y volvía a lo mismoque quise dejar atrás. Sólo que con otra máscara, otro disfraz: el de hippie, mochilera, viajera independiente, artista, artesana... Seguía siendo infiel a mi corazón, dañando sin querer a otras personas y dañándome a mi misma, esclava de mi egoísmo. Iba hundiéndome poco a poco pero sabía dentro de mí que debería haber algo superior que fuera la verdad, que fuera de acuerdo con los deseos puros de mi corazón. Pero... todo quedaba en la región de los sueños e ilusiones y así continuaba mi vida. Iba arrastrándola como podía, pues había cosas que me pesaban. ¿Es que alguien podría ayudarme? ¿Habría un lugar en la tierra? ¿Qué hacer, dónde poner mi vida? Quería producir algo. ¿Qué era la vida, sólo pasar y acabar en nada? ¡Quería nacer de nuevo, cambiar! ¿Sería posible de alguna manera, de verdad?
¡Amigo! Ha pasado tanto tiempo desde entonces, fue la última vezque nos vimos. ¡Ahora tengo algo maravilloso que contarte!La sorpresa más grande que he tenido en mi vida. ¡Existe! Existe el lugar, las personas, la armonía, la puertita que te hace ver con otros ojos, que te hace ver lo real. Un hogar para los necesitados, para los que sufren con su egoísmo y con no poder seguir su corazón.
Aquel que creó todas las cosas, que hizo las montañas y ríos, que hizo posible el fuego y la brisa fresca...,se inclinó a mí y oyó mi angustia como un Padre que ama y se preocupa de verdad. Me hizo subir del pozo de la desesperación, del barro pantanoso, puso mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos. Me llevó al lugar donde está reuniendo a su pueblo.Te preguntarás, ¿qué haces ahí? Pues, lo único imposible de hacer en el mundo en mis propias fuerzas: Vivir con personas muy diferentes con el propósito de amarlas, ir más allá de lo visible, ver el corazón de los demás, como hizo Él conmigo. Estaba sucia, ciega y sola pero Él vio mas allá de mi debilidad y me amó, me rescató, me puso en su pueblo, me dio un propósito, me dio vida.
En el mundo se hacen cosas grandiosas y asombrosas pero hay una cosa que supone un gran costo: amar. Si entiendo todos los misterios y todo conocimiento pero no tengo amor nada soy, si reparto todos mis bienes pero no tengo amor nada soy... si hago la obra de cerámica o de madera más maravillosa y no tengo amor de nada me vale, si logro vivir en la montaña más hermosa... y no tengo amor, todo es en vano.
El AMOR es paciente y bondadoso. El amor no es celoso, el amor no es ostentoso, ni es arrogante, no busca lo suyo propio, no se irrita, ni lleva cuentas del mal recibido, no se goza con la injusticia sino que se regocija con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, todo se va a acabar pero el amor nunca deja de ser.
Imagínate ser parte de algo nuevo, levantando un pueblo, levantando niños puros que van a traer el fin a lo que crea tanta perversión y desunión. ¿Suena a locura? Todo esto, sin hongos, ni pastillas! La respuesta ya no está en el viento. Ha bajado a la tierra a responder a los sedientos de lo verdadero. ¿Quién es el que vence al mundo egoísta, materialista, lleno de máscaras y fachadas si no el que cree que Yahshua* es el Hijo de Dios? Él es el que rompió con todo y agitó tanto la sociedad de su época. En su círculo íntimo había gente que antes no se podían ni ver: Guerrilleros revolucionarios zelotas y recaudadores para Roma, rudos pescadores y pudientes fariseos, junto con despreciados pecadores...Con Él reían todos juntos con ganas y juntos lloraban también, Él hizo de ellos los mejores amigos, pilares fundamentales de su nueva sociedad.
Y esto mismo todavía arde en su corazón: Hacernos libres, libres de bloqueos, barreras y prejuicios para que podamos llevarnos bien y así formar una nueva sociedad con gente sin egoísmo. Quiero retribuirle con mi vida, que para eso fui creada: para amar como Él me amó, para traer el fin a la desolación.
¡Mi sueño se cumplió! Él tuyo también puede cumplirse. |