El destino es una meta. Es el lugar al que uno llega al final de su viaje. Cada paso que das te va acercando al lugar adonde vas, así como cada decisión que tomas te acerca a tu destino eterno.
Cada ser humano irá a uno de los Tres Destinos Eternos (descritos en las siguientes páginas) dependiendo de como viva y actúe en su vida. Dios, el Creador, no decide por ti, como si fuera algo ya predestinado. ¡No! Tú eliges tu propio destino eterno. Tus acciones reflejan las decisiones que tomas y revelan tus motivaciones y verdadero carácter.
¿Sino o Destino?
Hay una diferencia entre sino y destino. El sino de un hombre es morir una vez. El sino, como la muerte, es algo inevitable. Es una cita a la que nadie faltará. No puedes cambiar tu sino, pero sí tu destino.
Tu destino eterno depende de cómo obedeces o desobedeces a tu conciencia. Todo el mundo tiene una conciencia que le dice instintivamente lo que está bien y lo que está mal. Por eso no tenemos excusa por las decisiones que tomamos.
Tus acciones, tus palabras, las cosas que piensas e incluso tus motivaciones son las cosas por las que tendrás que dar cuenta. Es maravilloso que Dios, nuestro Creador, nos ha dado libertad para elegir por nosotros mismos cuál será en último lugar nuestro destino eterno.
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