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Nuestra Pascua |
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| En la primera luna llena del año Hebreo se celebra la Pascua. No fue una coincidencia el que en esta fecha fuera crucificado el Mesías, el Hijo de Dios, como sacrificio por nuestros pecados. De Él hablaba el profeta Isaías [1] cuando dijo: “ por sus heridas fuimos sanados”. El mismo día que todos los israelitas se presentaban en el templo de Jerusalén a ofrecer un cordero que pagaría por sus pecados, Yahshua, el Mesías, estaba derramando su sangre en una cruz para pagar por los pecados de toda la humanidad. Ahora, dos mil años después, millones de personas conmemoran este día recordando su muerte y celebrando su resurrección. Obras de teatro, películas, pasiones vivientes por las calles tratan de reflejar y representar el sufrimiento que este hombre pasó las últimas horas de su vida. Es un buen momento para meditar y reflexionar en las consecuencias que su muerte tiene, y cómo podemos corresponderle. ¿Cómo podemos responder a su amor hacia nosotros? ¿Qué tenía Dios en su mente y su corazón cuando envió a su Hijo a la Tierra? ¿De qué quería salvarnos? ¿Cuál sería el fruto de la salvación? Tres días y tres noches Primero debemos hacer hincapié en algo muy importante que Yahshua dijo: “...porque como estuvo Jonás en el vientre del monstruo marino tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra.” Mt 12:40 El Mesías, estuvo tres días y tres noches en el corazón de la Tierra. Su sacrificio no se limitó a derramar su sangre por nosotros, el precio de nuestra salvación tenía un coste más alto. Él tuvo que ir a la muerte [2] , un lugar de tormento y sufrimiento al que nosotros deberíamos ir como pago por nuestros pecados [3]. Si la muerte física fuera suficiente, todos los hombres pagarían por su pecado cuando mueren físicamente, y una vez saldada la deuda se irían directamente con Dios, ni siquiera hubiera hecho falta el sacrificio de Yahshua. Además, siendo nuestro sustituto, lógicamente debía ir al lugar que nos correspondía. Nadie ha vuelto de la muerte para contarnos lo que allí ocurre, pero la Biblia lo describe como un lugar de tormento, de llanto y crujir de dientes [4]. Un lugar donde instintivamente ningún ser humano quiere ir. Un lugar donde se paga por el mal que se ha hecho. Un lugar donde nuestro espíritu (nosotros) y nuestra alma se sumergen cuando abandonan el cuerpo. Un lugar donde nuestra conciencia nos atormentará recordándonos el mal que hemos hecho. Allí permanecerán, los que no alcancen el perdón, hasta el día que sean juzgados todos los hombres de acuerdo a sus obras [5] y no según sus creencias como muchos predican. Algunos, los que se esforzaron en hacer el bien que sabían, después de haber pagado por sus pecados con mucho sufrimiento, volverán a la vida y vivirán eternamente. Otros, los que fueron demasiado lejos traspasando los límites de su conciencia una y otra vez, volverán a la muerte donde permanecerán para siempre experimentando sufrimiento eternamente, sufrimiento del que Yahshua quiere salvarnos. La respuesta correcta En Isaías 53, después de explicar el sufrimiento por el que pasó el Mesías, en los versículos 10 y 11 dice: ...verá a su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor en su mano prosperará. Debido a la angustia de su alma, El lo verá y quedará satisfecho... Dice que vio su descendencia, aquellos que responderían a su llamada, y su voluntad en manos de ellos, prosperaría. Su voluntad era, y sigue siendo, ver a hombres y mujeres, ancianos y niños viviendo juntos en amor y unidad. Su voluntad es ver a los hombres libres de pecado, libres de la muerte, libres del poder de Satanás, libres para hacer el bien, para amar. Él dijo que vino a deshacer las obras del diablo [6], y en I Juan 5:19 dice Juan hablando de sí mismo y de los discípulos: “ Sabemos que somos de Dios, y que todo el mundo yace bajo el poder del maligno.” Yace bajo la maldición de tener que vivir una vida centrada en sí mismo, una vida egoísta, pero Él vino a traer un nuevo orden social en el que los hombres vivirían unos para otros, cuidándose unos a otros animándose a amar y a las buenas obras unos a otros diariamente. Asegurándose que todo el mundo está bien y que no hay necesitados entre ellos, ni física ni espiritualmente. Esta es la vida que Yahshua dijo a sus discípulos que debían vivir, predicar y enseñar a todos los que creyesen en Él. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Mt 28:19-20 El bautismo era un nuevo comienzo donde encontraban el perdón, todo su pasado quedaba bajo las aguas, pasado del que se arrepentían y al que no querían volver, recibiendo el Espíritu Santo que les ayudaría a caminar en esa nueva vida en obediencia al evangelio. Una nueva vida cuyo resultado fue el origen de una nueva sociedad que en aquellos días se creó en Jerusalén y que está descrita en el libro de Hechos de los Apóstoles: Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; vendían todas sus propiedades y sus bienes, y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos. Hechos 2:42-47 La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común. Hechos 4:32 Esto era lo que vio desde la cruz y quedó satisfecho, y eso es lo que Él quiere ver en estos días. La gente dejaba todo atrás, todo lo que le impidiera seguirle [7]. Si eran los padres, dejaba a los padres, si eran los hijos, los hijos; sus sueños, trabajo, tierra, lo que fuera que se interpusiese entre ellos y el Mesías. Esta era la demanda para seguir a Yahshua y alcanzar su vida y su perdón. Aquellos que veían su valor no dudaban en hacerlo. Esta era la espada de la que hablaba cuando dijo: No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su misma casa. Mt 10: 34-36 ¿Pensáis que vine a dar paz en la tierra? No, os digo, sino más bien división. Porque desde ahora en adelante, cinco en una casa estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres. Así se cumplirá Malaquías 3: 18 que dice: Y ellos serán míos- dice el Señor de los ejércitos- el día en que yo prepare mi tesoro especial, y los perdonaré como un hombre perdona al hijo que le sirve. Entonces volveréis a distinguir entre el justo y el impío, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve. Este maravilloso fenómeno social que se produjo en el primer siglo en Jerusalén se extendió por Asia, Europa y África, por el mundo conocido, pero lamentablemente no llegó a perseverar hasta cumplirse Isaías 49: 6: ...dice Él: “Poca cosa es que tú seas mi siervo, para levantar las tribus de Jacob y para restaurar a los que quedaron de Israel; también te haré luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra.” y Mt 24:14: “Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.” ...por lo que su salvación no alcanzó todos los rincones de la Tierra haciendo posible su vuelta (la del Mesías). Lo que ocurrió es que el evangelio original, el mensaje del Hijo de Dios, fue pervertido por hombres que buscaban su propia gloria, y de la misma manera que una semilla manipulada genéticamente no produce más el fruto original, el evangelio, al ser transformado perdió su poder y produjo una religión basada en rituales, exenta de aquella vida de amor y unidad que habían experimentado los primeros discípulos. Pero las buenas noticias que nosotros tenemos son que, Dios, que es el mismo ayer, hoy y mañana, en su amor por la humanidad no ha desistido de llevar adelante sus planes y su propósito. Un nuevo brote está naciendo de la raíz santa. Dios mismo está reuniendo de las cuatro esquinas de la Tierra a aquellos que anhelan esta vida fraternal. Algunos de los que están siendo reunidos no habían escuchado mucho acerca del Mesías, y otros conocían su sufrimiento en la cruz, pero no sabían como corresponderle. Leían en la Biblia, escuchaban en su iglesia, o veían una película u obra de teatro sobre La Pasión, o una representación de la Pasión Viviente, y eran afectados en su corazón, sentían que estaban en deuda con Él, pero no encontraban la manera de corresponderle, dónde ir. Nosotros sabemos adónde ir, a un lugar donde puedes ser perdonado y poner en práctica sus enseñanzas. Un lugar donde hombres y mujeres viven juntos, en paz y unidad, compartiendo todo, animándose unos a otros diariamente y donde puedes encontrar vida eterna. Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía y unidad. Es como el óleo precioso sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras. Es como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí mandó el Señor la bendición, la vida eterna. Salmo 133 Vida eterna, salvos de la muerte, lo que Yahshua vio desde la cruz y quedó satisfecho, Él pagó nuestra deuda... pero ¿dónde derramará esa bendición? Hermanos viviendo juntos en unidad. ¡Gracias Yahshua! La palabra Pascua, (pesach en hebreo) viene del latín “pasah” que quiere decir pasar de largo, o por alto, porque el ángel de la muerte pasó de largo aquellas casas donde vio la sangre del cordero rociada en las puertas. De la misma manera, aquellos que están cubiertos por la sangre de Yahshua, están protegidos y a salvo de la muerte si obedecen su Palabra. [1] Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no le estimamos. Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros. Isaías 53: 3-6 [2] ...a quien Dios resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que era imposible que El quedara bajo el dominio de ella. Hechos 2:24 [3] Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 6:23 [4] Allí será el llanto y el crujir de dientes cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros echados fuera. Lucas 13:28 Y yo os digo, amigos míos: no temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no tienen más nada que puedan hacer. Pero yo os mostraré a quién debéis temer: temed al que, después de matar, tiene poder para arrojar al infierno; sí, os digo: a éste, ¡temed! Lucas 12:4-5 [5] Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono, y los libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto, que es el libro de la vida, y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras. Apocalípsis 20:12 [6] El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo. 1 Juan 3:8 [7] El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por mi causa, la hallará. Mateo 10:37-39 Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Jesús dijo: “En verdad os digo: No hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna. Marcos 10:28-30 |
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