| Dos y dos son cuatro, y una vez que lo aprendes, siempre te sirve. Necesitamos saber cosas. Pero la sabiduría es diferente. Se aprende si eres capaz de recibir una “infusión” de alguien más mayor y más sabio, o se aprende con lecciones proverbiales; lecciones de la vida, que pueden grabarse en el corazón en los tiempos difíciles que todos atravesamos alguna vez. En esos tiempos el corazón puede amargarse, o adquirir sabiduría.
Si las lecciones proverbiales se comparten, todos nos beneficiamos. Nos enseñan sabiduría. Para obtenerla, hay que ser capaz de escuchar a otros, y buscar consejo.
La sabiduría reside en nosotros en un lugar diferente que el conocimiento.
Esta sociedad está enferma, padece anemia de sabiduría. El conocimiento se puede adquirir, por ejemplo, en la Universidad. Cuanto más conocimiento tienes, más inteligente se te considera; pero a la sabiduría se le da poca importancia.
Un proverbio no tiene mucho valor en manos de alguien que desea conocimiento, pero el sabio usa eficientemente el proverbio en los casos difíciles de resolver.
En presencia del que tiene entendimiento está la sabiduría, pero los ojos del necio están en los extremos de la tierra. (El necio busca la sabiduría pensando que está lejos, en los confines de la tierra, pero el que tiene entendimiento, la reconoce cuando la tiene ante sus ojos.)
El que se aparta busca su propio deseo, contra todo consejo se encoleriza. (Hay veces que una respuesta sabia contraría tu voluntad, revelando lo que tu conciencia te dice, y que estás tratando de ignorar.)
Al necio no agrada el entendimiento, sólo se deleita en revelar sus pensamientos.
Pero debería escuchar...
Proverbios 17:24 y 18:1, 2
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