Las Doce Tribus : Publicaciones : ¿La Solución?: Tierra Envenenada
Tierra Envenenada
 

Aunque soy un planeta y se supone que los planetas no hablan, tengo algo que contaros. Al principio fui creada con una forma maravillosamente bella y llena de vida, pero me convertí en un lugar desolado, un lugar ruinoso y devastado.

Hubo un atentado, un golpe militar, y parte de los ejércitos celestiales cayeron sobre mí con gran ira y enojo, para destruir lo que un día habían ayudado a construir. Pero mi amoroso Creador no me abandonó. Después de tiempo Él empezó a trabajar en mi superficie otra vez, a restaurar una pequeña parte de mí. Hizo un jardín, un paraíso. Después sentí algo que nunca había sentido antes.

¡Eran pies! Mi Creador hizo al ser humano para tratar con la rebelión del Maligno y ahora el hombre caminaba sobre mí en un jardín hermoso y perfecto. Sus pasos eran como las caricias de un amante. Recobré la esperanza. Pero poco después esos mismos pies salían del jardín y se encaminaban a un lugar descuidado y árido.

Eso me dio miedo, pues el hombre se había salido de su lugar. Y en efecto, mis temores se cumplieron. Pronto sentí algo por primera vez que me hizo estremecerme, produciéndome una fuerte convulsión.¡¡¡Nooooo!!! ¿Cómo se puede soportar algo semejante? Me llevé las manos al estómago, queriendo reprimir las ganas de vomitar que me causaba ese líquido caliente vertido sobre mí que iba penetrando hasta mi corazón...

¡¡¡Era sangre inocente!!! Lloré amargamente, como una muchacha virgen a la que acaban de violar, desconsolada por el crimen y el ultraje que se había cometido sobre mí...

La sangre del inocente Abel se secó sobre mi piel, una mancha que yo llevaría para siempre, a no ser que hubiera alguna manera o alguien que la pudiera limpiar.

Así me convertí en la primera víctima de violación de todo el universo. Ultrajada y avergonzada, me ardían las entrañas de indignación. Esperaba algo más de ti, HOMBRE.

¿Qué será de mí ahora? ¿Cómo podré cumplir con mi función, si mi supuesto guardián y cuidador se ha vuelto loco?

En efecto, no tardé en corroborarlo. Una y otra vez, se repitió. Me convertí en víctima de sus sádicos placeres que ensuciaban mi superficie con sangre e inmundicia. Llegó a tal extremo el exceso de los hombres, que mi Creador tuvo que causar un diluvio para librarme de todos mis agresores y limpiarme de toda la sangre vertida sobre mí, porque la sangre es lo que MÁS me contamina. Después de aquel diluvio, yo estaba lista para empezar una nueva era con los pocos supervivientes que fueron dignos de repoblarme: Aquellos que deseaban ser limpios, como yo.

Entonces escuché una voz diciendo a Noé que desde ahora en adelante, todo aquel que derramase sangre inocente debería ser destruido. Esto me alivió en cierta medida, pero lo que yo profundamente anhelaba era que nunca más se volviera a derramar sangre sobre mí. Si el hombre fuera capaz de aprender la lección y no seguir tropezando en la misma piedra...

Pasaron los siglos y vi pasar muchas cosas inenarrables. Cuánto sufrimiento y opresión. Pero entonces, volví a sentirlo otra vez: Eran pies. Durante un largo tiempo había sentido el hollar de pies yendo y viniendo, pero aquellos pies eran diferentes. Su pisar era ligero, dinámico... y eso me comunicaba esperanza. Era el Mesías y traía una verdadera solución con el poder de llevarla a cabo!

En breve sentí el gotear de sangre caliente enfriándose sobre mi superficie. Lo había sentido innumerables veces antes, pero esta vez, al irse enfriando sobre mi superficie, la injusticia me sacudió como nunca antes. La sangre de aquel hombre estaba limpia de pecado. Se suponía que no tenía que haber muerte sobre mí. No entendí mucho acerca de su resurrección pero me deleité cuando sus pies acariciaron, aunque solo un instante, mi superficie otra vez, Después se marchó. Sus pies se marcharon. ¡Y unos pocos pies semejantes a los suyos tomaron su lugar! Y luego, se hizo el silencio. Vuelta a la rutina y a lo mismo de siempre; pero aún quedaba algo pendiente...

Los pies de los hombres siguieron recorriéndome, pies pesados, ¡cargados por tanta culpa de sangre inocente! Me hizo recordar la maldad que reinaba en los días de Noé, ¿cuánto hacía ya de aquello?

Y entonces, mis caminos quedaron atrapados bajo un asfalto asfixiante. La basura se hundió hasta la profundidad de mis mares. Sufrí explosiones artificiales, mi aire se hizo irrespirable, mis ríos apestosos, y mis océanos agonizaron.Sangre, sangre, tanta sangre! Yo anhelaba los pies de aquel que podía salvarme.

Si no pasaba algo rápido iba a morir. En un intento desesperado de avisar a los habitantes de la tierra, empecé a tomar velocidad, dando vueltas más y más aprisa. Gemí ansiosamente deseando que llegara el fin de tantísima violencia y corrupción. Explosiones me resquebrajaban una y otra vez por todas partes, las estrellas giraban rápidamente dando vueltas y vueltas. Empecé a temblar, a tiritar y a sacudirme a punto de estallar. Mis mares rugían, levantando olas gigantes. Pero los hombres no parecían entender mi mensaje: “¿Es que no os dais cuenta? Estamos llegando al límite! Esto no puede seguir así! Hacedme caso, escuchad vuestra conciencia!”. La culpa del hombre era demasiado pesada para mí, me estaba llevando a la muerte, a la destrucción.

Al mismo tiempo una brisa suave empezó a acariciarme. Eran aquellos pies cálidos que tanto anhelaba. Era algo maravilloso, miles y miles de pies, un pueblo distinto, 12 tribus caminando en el amor de aquel que hace 2000 años inauguró un camino nuevo. Como la luz del alba anuncia un nuevo día después de una noche oscura y larga, empecé a sentir el consuelo y la esperanza de una nueva edad en el horizonte.


Home

Publicaciones

 Dónde estamos

email