Las Doce Tribus : Publicaciones : Todos cuyo corazón Dios había movido : Muertos Vivientes

Los Muertos Vivientes
 

¿Por qué buscáis al que vive entre los muertos? [1]

Yo era parte de los muertos vivientes. Estaba vivo, puesto que respiraba y me movía, pero no tenía vida. Había una película llamada “La Noche de los Muertos Vivientes,” acerca de personas que se habían vuelto zombis, incapaces de razonar aún al nivel más sencillo, completamente entregados a saciar sus deseos más extraños. Yo era uno de ellos.

Había más como yo, y sigue habiendo muchos muertos andantes sobre el planeta. Algunos se pueden ver a kilómetros de distancia, pero otros no son tan obvios. Son personas que han dejado de pelear la buena batalla y se han rendido a un enemigo poderoso que no pueden ver. No se dan cuenta que el afán de satisfacerse a sí mismos es lo que les mantiene en estado de muerte y que hay una salida. El enemigo les insensibiliza el entendimiento para que no se den cuenta de estas cosas.

Hace dos mil años, Juan el bautista fue enviado con un mensaje de advertencia a la gente que estaba en el sistema religioso de aquel tiempo. Vino a decirles que estaban muy equivocados. Algo no andaba bien y si no se arrepentían y enderezaban sus caminos, no heredarían la promesa hecha a la semilla de Abraham, aunque fueran sus descendientes. Juan les dijo que Dios podía levantar hijos de Abraham de las piedras, si así lo quisiera . [2] Ellos le preguntaron, “¿Que tenemos que hacer entonces?” [3]

Su respuesta fue radical: “El que tiene dos abrigos, comparta con el que no tiene.”

Los judíos eran “el pueblo de Dios.” ¿Por qué necesitaban escuchar esto? ¿Por qué tenía que venir un profeta con tal advertencia? ¿Por qué no podían dar de corazón su túnica extra a aquel que no tenía? ¿Cuánto has de alejarte de Dios para llegar a este punto?

A los recaudadores de impuestos les dijo que cobraran sólo lo que era justo y no más. A los soldados, que pararan de amenazar y usurpar a la gente, y que estuvieran contentos con sus salarios. Estaba enseñando al “pueblo de Dios” a ser decentes. Les decía, “tenéis una conciencia. ¡Escuchadla!” Dentro de su religión llegaron a ser insensibles al conocimiento instintivo de la verdad. El haber llegado a tal estado fue resultado de un proceso: un poco de transigencia aquí, una pequeña justificación allá… y así se fueron desviando gradualmente del fundamento y de la fuente de la vida. Se convirtieron en un cascarón hueco, una sombra borrosa de lo que tenían que haber sido. Eran muertos vivientes. [4] Y la religión de hoy en día ha seguido los mismos pasos.

Juan el bautista vino a preparar el camino a una nueva esperanza, nuestro Maestro Yahshua.* Yahshua vino a ser el puente entre Dios y el hombre. Un puente para salvar el abismo que el hombre causó al desviarse de su Creador. Muchos creyeron en sus buenas nuevas y le siguieron, dejando todo atrás para obtener algo mayor. [6] Éstos respondieron de todo corazón al gran amor de Dios y vivían juntos con sencilla y sincera devoción. Esto llevaría al día de Pentecostés, el nacimiento de la iglesia, una comunidad. [7]

Poco después, el apóstol Juan tuvo que repetir las palabras de Juan el Bautista, escribiendo a las comunidades, “¿Cómo puede el amor de Dios morar en alguien que tiene los bienes de este mundo y ve a un hermano en necesidad y se niega a ayudarle?” [8] El escritor de la carta a los Hebreos, de la misma manera, les advirtió que prestaran atención a las cosas que habían oído, no fuera que se desviaran. [9]

Desviarse es un proceso inconsciente. No hay que hacer nada para desviarse. Cuando los discípulos dejaron de amarse unos a otros con un amor ferviente, se desviaron del amor.

Es sencillo: “En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios, y tampoco aquel que no ama a su hermano.” [10] Pero el maligno es astuto. Complica, confunde, y manipula. Desvió a la iglesia y ésta se extravió del rumbo para nunca volver de nuevo a su curso. Ahora, después de mil novecientos años de desviarse, ésta no tiene ninguna semejanza a cómo era en su puro principio. Por el contrario, está contaminada ,[11] manchada por sus hazañas, orgullosa y arrogante, descaradamente impenitente; una criatura del diablo.

Pero el Rey todavía necesita una Novia, y ella se está preparando. [12]

Solía ser “la iglesia,” pero hoy en día hay muchas “iglesias.” La mayoría de las personas que se reúnen en estos edificios no se dan cuenta de que todos están sirviendo a dioses diferentes. Si Dios es uno, como dicen las Escrituras, ¿cómo pueden dos personas estar en comunión con Él, teniendo cada una doctrinas diferentes, modos de vida opuestos, deseos y enfoques opuestos? ¿Tendrá Dios una “verdad” para una persona y otra “verdad” para otra? [13] Dios es uno, y por lo tanto la iglesia es una comunidad.

Cuando la iglesia del primer siglo fue llamada a arrepentirse y hacer las obras que hacía al principio, [14] se le estaba diciendo que se acordara de lo que sucedió después de Pentecostés: “Todos los que creyeron estaban juntos y compartían todas las cosas en común.” [15] Pero no se arrepintieron, y su candelero se apagó. El Cristianismo, hoy, no es la luz del mundo.

La fe que causó el nacimiento de la primera iglesia es la misma manera de creer a la que nuestro Maestro se refería cuando dijo, “todo aquel que cree en Él no perecerá, mas tendrá vida eterna.” [16] Hoy en día hay gente en la tierra que creen así y están juntos, compartiéndolo todo. Lo que uno verdaderamente cree se manifiesta en sus obras. Nosotros creemos en Él, por lo que hemos dejado una vida podrida y maloliente para poder cumplir con nuestra parte en preparar la tierra para su venida. Le servimos donde Él está, [17] donde hermanos y hermanas moran juntos en unidad, [18] y entregan sus vidas unos por otros. Esto es lo que nos da la confianza de que Él nos escucha, [19] por lo que le pedimos que nos conceda la gracia para hacer su voluntad, y no nuestra propia voluntad egoísta.

Hoy en día la gente está perdiendo toda esperanza. Muchos buscan justicia y verdad, y en su esfuerzo por mantenerse haciendo lo que saben que está bien, se encuentran con gran oposición. Pero la fuerza de un hombre es limitada, y su esperanza se acaba. Sólo en Yahshua se encuentran justicia y amor verdaderos. Él es el camino, la verdad, y la vida, la única esperanza que no decepciona.


[1] Lucas 24:5
[2] Lucas 3:8
[3] Lucas 3.10-14
[4] Mateo 23:27
* Ver el artículo ¿Qué hay en su Nombre?
[6] Marcos 10:28; Lucas 5:11; Mateo 8:22
[7] Hechos 2:42-47; 4:32-37
[8] 1 Juan 3:17
[9] Hebreos 2:1
[10] 1 Juan 3:10
[11] 2 Corintios 11:3
[12] Apocalípsis 19:7-8
[13] 1 Corintios 1:10
[14] Apocalípsis 2:5
[15] Hechos 2:44
[16] Juan 3:16
[17] Juan 12:26
[18] Salmo 133: 1-3
[19] 1 Juan 3:14,16, 2